El número de españoles que viven solos casi se ha duplicado en los últimos diez años

Siete madres divorciadas o separadas viven con sus hijos por cada hombre, lo que representa un 26% de las familias monoparentales encabezadas por mujeresEn diez años la radiografía de los hogares españoles ha cambiado por completo. Ahora son mucho más numerosos, ya que han aumentado un 20 por ciento. Es decir, a un ritmo mucho más acelerado de lo que lo ha hecho la población, que tan sólo ha registrado un crecimiento del 5 por ciento. Para analizar los cambios sociales que han dado pie a esta realidad, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha revisado el Censo de Población y Vivienda del año 2001. Y en él encontró reflejados los nuevos estilos de vida que se están abriendo paso en nuestra sociedad y que explican el elevado crecimiento del número de hogares: hoy día, hay muchas más personas que viven solas, menos familias numerosas y más parejas sin hijos.Según el INE, los hogares unipersonales (de un sólo miembro) casi se han duplicado en la última década, pasando a ser los más numerosos (de casi 1,6 millones a 2,9). Ello se debe a que cada vez más jóvenes deciden emprender su camino sin la compañía de una pareja. De hecho, en España existen 1,2 millones de solteros que viven solos.La soledad a partir de los 65 añosPero hay que tener en cuenta que, por imperativos de la vida, el riesgo de la soledad es mayor a partir de cierta edad. En esa situación se encuentran 1,3 millones de españoles de los 6,8 que tienen 65 años o más, una tendencia que incide sobre todo en las mujeres.El aumento de hogares unipersonales también se explica por el elevado crecimiento de las rupturas matrimoniales. Esto ha provocado que más de 167.000 hogares estén integrados únicamente por un hombre separado o divorciado. Sin embargo, tras la separación, son menos las mujeres que afrontan su vida en soledad (tan sólo 105.000 hogares), ya que la mayor parte convive con los hijos. Y en ese punto se ha detenido el INE: 1,3 millones de madres viven en compañía de sus hijos, lo que supone un 41 por ciento más que hace una década. Casi la mitad de ellas son viudas y un 11 por ciento solteras. Pero una de las cifras más llamativas es que, hoy día, hay siete madres divorciadas o separadas con sus hijos por cada hombre, lo que representa un 26,5 por ciento de todas las familias monoparentales encabezadas por mujeres.El INE también advierte de que cada vez más parejas deciden no tener hijos (medio millón más en los últimos diez años) y que se reduce el número de familias numerosas (hoy suman 572.932). Pero es el porcentaje de hogares formados por seis miembros o más los que han experimentado un mayor descenso, pues han pasado a ser la mitad que hace una década.El estudio el INE aporta una novedad respecto a las nuevas formas de convivencia: las parejas de hecho se han multiplicado por dos (ahora son 563.785). De ellas, 10.474 se han censado como parejas homosexuales y el mayor porcentaje se registra en Baleares, Canarias y Madrid

Políticos y expertos en familia analizan en Sevilla ‘Los nuevos desafíos de las familias españolas’

EL PRESIDENTE DE LA FEFN, JOSÉ RAMÓN LOSANA, PARTICIPARÁ EN EL ENCUENTRO, ORGANIZADO POR EL MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES Y QUE INAUGURARÁ EL MINISTRO JESÚS CALDERA.

Sevilla acogerá los días 1, 2 y 3 de diciembre a numerosos responsables políticos y expertos en temas de familia, que se reunirán en el Congreso ‘Los nuevos desafíos de las familias españolas’, organizado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
El Congreso tiene por objeto analizar, en el marco que ofrece la celebración del Xº aniversario del Año Internacional de la Familia, las profundas transformaciones que ha experimentado la institución familiar en las últimas décadas, desde un modelo único de familia a la pluralidad de formas familiares existentes en la actualidad. Realizar una reflexión sobre las presiones sociales externas que reciben las familias y que repercuten negativamente en su calidad de vida, con el fin de adoptar las medidas oportunas que aminoren estos efectos negativos. Analizar las necesidades actuales de las familias para adecuar las políticas familiares a dichas necesidades, y facilitar un foro de encuentro a las distintas organizaciones familiares con el fin de que expongan sus logros y aspiraciones.
Entre los ponentes al Congreso, que será inaugurado por el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, estará el presidente de la Federación Española de Familias Numerosas, José Ramón Losana, que participará en una mesa redonda sobre Asociaciones familiares. El Congreso será clausurado por la Secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad, Amparo Valcarce. 
 

La mejor política apuesta por la familia

La familia fundada en el matrimonio es una realidad natural anterior al Estado. La familia no es un producto legislativo o cultural, ni tan siquiera es una creación religiosa. Es una institución natural. Con la familia ocurre algo semejante a la dignidad humana: es una realidad natural, anterior a toda ley y que no procede del Estado. Reconocer la dignidad humana es un logro de civilización y de cultura.

       La razón humana, común a todas las culturas, ha descubierto también que el matrimonio, en esencia, es la particular comunión entre un hombre y una mujer, abiertos a los hijos, y de este modo a la familia. Las sociedades o culturas que aceptaron la poligamia la han ido abandonando de forma mayoritaria.

       La familia fundada en el matrimonio es un logro de civilización y de cultura como lo es, por ejemplo, en otro orden de cosas, la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los Derechos Humanos no son una creación del Estado, son anteriores a él. Los Estados deben reconocerlos, respetarlos, protegerlos y fomentarlos. Lo mismo ocurre con la familia fundada en el matrimonio. El legislador no es el creador del matrimonio, como no es el creador de la sociedad, ni de las personas. El Estado debe reconocer, respetar, proteger y fomentar la institución matrimonial y carece de soberanía y de competencia para determinar el núcleo mismo del matrimonio.


       Otro comportamiento supondría una lesión al bien común de la sociedad.


       Es evidente que existen otros modos de convivencia. Pero no todos los modos de convivencia son matrimonio ni se pueden equiparar a él. La pareja inestable no es matrimonio. La confusión en este campo es destructiva de la sociedad. En realidad, con las reformas en curso lo que se pretende es destruir el matrimonio para reducirlo a la pareja inestable.


       Este conjunto de obviedades desgraciadamente no parecen estar en la mente de un número nada pequeño de intelectuales y políticos de nuestros días. Teorizan sobre la familia y sus cambios como si fuera un elemento anecdótico de la vida social que se puede cambiar a su antojo. Y cuando sus especulaciones intelectuales se traducen en el campo político en forma de leyes o disposiciones administrativas, nos encontramos con una dramática realidad: el Estado debilita la familia, la desprecia y la somete a malos tratos. En definitiva, el Estado actúa en contra de lo que hace posible su ser y su misión.


       Los pueblos que creen en sí mismos transmiten de padres a hijos el compromiso y la alegría de fundar familias asegurándose el futuro.


       La confusión en este campo es el eco lógico de la frivolidad o la clara animadversión con las que se plantean los temas políticos en torno a la familia. En lugar de afrontar seriamente los problemas de las personas homosexuales, se altera sustancialmente el concepto de matrimonio; en vez de resolver la problemática en las familias se diseñan mecanismos de rápida disolución matrimonial sin contemplar ni la prevención ni las medidas de recomposición familiar no traumáticas; no se afronta seriamente el problema de la violencia juvenil y la educación cívica y no se favorecen medidas que ayuden a los padres y maestros en la labor educativa; a las familias católicas se les dificulta con chulería que la educación en la escuela esté en sintonía con sus principios, regateándoles incluso la dignidad de la clase de religión. Es imposible no ver en la suma de estas medidas un continuo ataque contra la familia y contra la sociedad.


       La Iglesia no puede mirar impasible este modo irresponsable de gobernar. Al contrario, alienta con plena determinación que los matrimonios y las familias ocupen el espacio social y político que les corresponde. La mejor política apuesta por la familia, porque las leyes que atacan a la familia promueven la muerte silenciosa de los pueblos. Y sin pueb

¿Votar la Constitución Europea?

Hace unas semanas, el 29 de octubre, tuvo lugar en Roma la firma del Tratado de la Constitución Europea. Es posible que las polémicas elecciones en Estados Unidos o la muerte de Yaser Arafat, con la angustiosa problemática política que la acompaña, nos haya llevado a desviar la atención a otros asuntos de importancia que están sucediendo en el mundo. Pero quizá no esté de más volver de nuevo nuestra mirada a la vieja Europa.

 

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Los españoles habíamos acunado la ilusión de que esa histórica firma tuviera lugar en nuestro país, como homenaje a las víctimas de la terrible barbarie, que nunca debió suceder, del 11-M. Pero dejando aparte esas legítimas “razones del corazón”, hay que reconocer que el lugar escogido es emblemático y acertado “y tiene un claro valor simbólico”, afirmaba Juan Pablo II. En Roma, en 1957 nació la Comunidad Europea “y decir Roma supone la irradiación de valores jurídicos y espirituales universales”.

Los bien llamados “padres de la Constitución” firmaron esa primera Constitución con el deseo de unir a los pueblos de Europa bajo los auspicios del cristianismo, a través de la Virgen María: las 12 estrellas de la bandera europea son las que rodean la visión apocalíptica de la Madre de Dios. Los padres de la Constitución –Adenauer, De Gasperi, Schumman y Monnet– eran católicos (además, los procesos de beatificación de De Gasperi y de Schumman están en marcha) y sabían bien que una de las principales raíces de nuestra cultura son las ricas y profundas ideas del cristianismo y la impronta que han dejado en el pensamiento occidental.

“El canciller Adenauer fue especialmente lúcido. Ante una Alemania devastada y mutilada, se preguntaba en sus Memorias cómo había llegado a esa situación y hallaba la causa en un pueblo sin conciencia de su responsabilidad, acrítico. Para su reconstrucción “era necesario educar a los jóvenes de nuestra futura Alemania para que fueran personas responsables políticamente, no se dejaran controlar ni guiar inconscientemente y tuvieran la voluntad y la habilidad de ordenarse responsablemente como hombres libres”. Según el canciller, esa educación debía basarse “sobre un espíritu cristiano y democrático y tenía que abrir a esta juventud la puerta, hasta ahora cerrada, de las convicciones y posturas humanas generalmente válidas”. Estas ideas, motor de la reconstrucción alemana, también le inspiraron a la hora de hacer la Comunidad Europea, y es que cuando Europa está en una encrucijada surgen estadistas –Schumman, Adenauer– que miran a lo que es, a sus raíces”, según ha señalado recientemente José Luis Reguero, magistrado del Consejo General del Poder Judicial.

Como historiadora y también como católica tengo que defender los pilares fundamentales que nos sostienen culturalmente: la cultura clásica grecolatina, el derecho romano y el cristianismo, raíces a las que no podemos y no debemos renunciar. Es cierto que la Ilustración ha dejado también su influencia en nuestra cultura, pero cuando nacía este movimiento, que no tiene un cuerpo unitario de doctrina, los pueblos europeos y su pensamiento llevaba muchos siglos de andadura. Por justicia, se debe reconocer la aportación de las ideas ilustradas al pensamiento moderno, pero también es conocido que sembraron odio y destrucción; pues los ilustrados, al no querer recono

ADOPCIÓN

Aquilino Polaino
PsiquiatraComo le pasa a cualquier adulto, en los homosexuales existe una inclinación afectiva natural a la paternidad y maternidad. Sin embargo, aunque esa tendencia exista, sea real y válida, es obvio que las parejas homosexuales están imposibilitadas para tener un hijo. La adopción surge entonces como vía para vencer el impedimento biológico. Esta posibilidad ha iniciado un debate entre quienes exigen –en aras de una supuesta igualdad– que los homosexuales tengan el derecho de adoptar hijos y constituir una familia. Para aclarar la discusión es conveniente entender primero qué es la adopción, sus causas y sus implicaciones. Adoptar es reclamar del Estado la tutela, custodia y educación de un menor que carece de lo necesario, porque ese niño tiene el derecho inalienable de ser educado y formado dentro de la sociedad.
 
        La familia es indispensable para los seres humanos. En ella encontramos nuestra propia identidad. El hombre no puede realizarse plenamente si no es por medio de los demás. Cuando en Psiquiatría se habla de subnormalidad por privación cultural, como diagnóstico de una enfermedad, se ve la importancia de la educación familiar y social. Es decir, un muchacho sin educación a los 15 años arrojará un coeficiente idéntico al de un subnormal débil o límite. Esto se debe, en cierto modo, a que el niño necesita de estímulos para realizarse como un adulto normal, difíciles de encontrar fuera de la familia. Estímulos cognitivos, para aumentar su inteligencia; afectivos, para sentirse seguro; perceptivos, para saber interpretar el significado de lo que capta a través de los sentidos; sociales, para descubrir el valor del otro –y cómo eso se puede regular según normas–; y morales, sin los que no formará una conciencia ética.Porque no somos animales
 
        El desarrollo del ser humano no está condicionado sólo por factores biológicos, sino culturales, sociales, familiares. Somos por naturaleza un ser de cultura. En este sentido, los niños son los más indefensos. Es casi imposible que un niño sin familia llegue a ser una persona plena. Eso no pasa con las crías de los animales, porque saben instintivamente lo que tienen que hacer. Sin embargo, el ser humano no depende sólo de sus instintos. De ser así, estaríamos condicionados y no tendríamos libertad, no podríamos perfeccionarnos.
 
        El ser humano nace en total indigencia. Esta pobreza incluye también la identidad de género, lo que no sucede con los animales. Cuando el perro apenas es un cachorro, ya funciona, perceptiva e instintivamente, como macho o hembra, según sea el caso, porque el instinto le marca y le hace funcionar. A los dos años, un niño ignora si es varón o mujer.
 
        Esa identidad de género, indispensable para el ser humano, la aprenderá el niño de quienes lo rodeen en su infancia. Por eso el niño tiene derecho –humano– a ser formado en una familia, y si no encuentra en quienes le han adoptado lo que, por derecho, le corresponde, no se cumple el primer principio de la justicia distributiva: dar a cada quien lo que le corresponde. Porque al adoptado se le debe educación y afecto, es una terrible injusticia no darle el ius que le es propio –con mucha más razón cuando ni siquiera conoce a aquellos que le dieron la vida–. Tiene derecho a contar con un modelo de padre y madre, de varón y mujer, conforme a su naturaleza, indispensable para la formación de su propia identidad de género.Primero el bien del niño
 
        La persona sin esa identidad es