La mujer y las empresas

Ante la demanda de personal bien cualificado y con valores tanto a , nivel humano como profesional, las madres que trabajan fuera de casa se ven en la doble tarea y responsabilidad de dedicar la mejor parte de su tiempo a la educación de sus hijos, a su trabajo profesional sea el que sea y a la casa, que así mismo es un trabajo profesional aunque no remunerado pero que requiere tiempo esfuerzo y conocimientos.
La mujer se enfrenta hoy en día a un pluriempleo que muchas veces le crea un problema de prioridades ya que cada trabajo tira de ella pidiéndole una organización, orden, control del tiempo y por lo tanto es indispensable saber guardar fuerzas, humor serenidad y un equilibrio para dar en cada caso la dedicación y la importancia necesaria. Esto no pocas veces crea una tensión en la madre que trata de ser perfecta en todos sus “roles” y se culpa ella misma de no ser buena madre al no poder estar en dos ó tres sitios a la vez atendiendo lo que considera más importante que por lo general son sus hijos. A esto le llamo vivir: Con el corazón partido. Porque aunque las tareas domésticas sean compartidas con el marido e hijos la mujer se otorga la responsabilidad de la casa y sufre si las cosas no están bien hechas mientras que el hombre por lo general pasa mas de esa exigencia cuando lo tiene que hacer él y entonces la esposa se pone de los nervios y va rematando con mas detalle lo que falta, según su opinión para estar bien acabado. Hay muchas, que van detrás de sus maridos supervisando todo lo que él hace y esto enerva al esposo como es natural, con lo cual la cosa acaba en conflicto doméstico. La mujer no se plantea enseñarle al marido con paciencia cómo le gusta a ella que queden acabadas las cosas y así lo aprende él para siempre , sino que se desmorona y dice la clásica frase tan oída: ¡Deja , ya lo hago yo! con lo que libera al marido y padre de su responsabilidad cargándose de más obligaciones y faena de la que ella es capaz.

En la gozosa pero a la vez compleja tarea de educar a los hijos según su edad inculcarles valores y conocimientos para la vida se requiere una buena dosis de paciencia, por lo tanto, tiempo real de dedicación y seguimiento del desarrollo de cada uno ya que los hijos tienen diferentes cualidades y aptitudes capacidades carácter etc. que los padres educadores debemos ayudarles a sacar adelante, para ir formando una persona cada vez mas completa humana y profesionalmente hablando.
Dado que el buen ejemplo de los padres es un factor principalísimo en la educación de los hijos lo primero que tenemos que hacer es formar a esos padres en valores para que ellos los transmitan a sus hijos a la vez deben leer libros especializados en las distintas etapas infancia niñez, adolescencia para orientarse de lo que se debe enseñar, exigir y afrontar en cada caso.

La mujer tiene que tiene que proponer distintas soluciones para paliar esta falta de tiempo en la atención a sus hijos tal como horarios más flexibles etc. y tomar conciencia de que si no es ella misma la que defiende sus derechos a ser madre, profesional del hogar y a trabajar en una empresa nadie lo va a hacer por ella, que es la que sabe mejor que le conviene teniendo en cuenta los intereses también de la empresa. Esto requiere pensar en nuevas medidas laborales que ya se están dando en otros países y ver lo que mejor encaja en nuestra cultura y estilo de vida. La aportación de la mujer de medidas sociales y soluciones políticas y de empresa es indispensable para lograr los objetivos deseados de ayudas, colaboración etc.
Animo a asociarse con AVAFAM QUE DEFIENDE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA Y DE CADA UNO DE SUS MIEMBROS .
Blanca Cotarelo

¿Cuáles son las cuestiones conflictivas?

El dinero que se debe dar a los hijos, los horarios de vuelta a casa, los estudios y la colaboración en las tareas domésticas centran los conflictos familiares. La familia continúa estando a la cabeza de los valores considerados más importantes por los españoles. No obstante, no está exenta de tensiones y conflictos entre padres e hijos, lo que se traduce en confusión y desorientación. Así, un tercio de los padres españoles con hijos adolescentes siente que no educa bien o que no sabe hacerlo. Un 40 por ciento reconoce no manejar bien los conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirma sentirse desbordado, principalmente por las exigencias económicas de sus hijos. Una conclusión a la que ha llegado la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) tras un estudio basado en una encuesta a 1.000 familias con hijos entre los 14 y los 20 años.
Irresponsable delegación de responsabilidades

Pero la solución que piden los padres para evitar su desorientación, lejos de buscar una mayor comunicación con sus hijos, pasa por pedir a los profesores que eduquen mejor (59,6 por ciento); a los medios de comunicación que sean más educativos (49,2 ); más ayudas fiscales a las familias (30,2) y hasta que la Policía controle mejor algunas actividades (5,2).

La mayor implicación que los padres solicitan a los profesores se traduce en una delegación de responsabilidades «como si sintiéndose desbordados por las exigencias, solicitaran ser sustituidos por los maestros», según señala el coordinador del estudio, Eusebio Megías. Por otra parte, el hecho de que sólo un 1,3 por ciento de los encuestados demande mayores recursos en las aulas demuestra que se trata de «una demanda personalizada referida a los educadores y no al sistema educativo». En este sentido, la FAD puntualiza que los padres no pueden eludir su responsabilidad educativa. «Los padres y madres no podemos delegar las responsabilidades educativas en agentes externos, pero desde las instituciones también debemos poner a disposición los instrumentos necesarios para los padres que necesiten asesoramiento», señaló Ignacio Calderón, director general de esta institución.

Encuesta (2): Muchos padres no saben cómo educarlos ni cómo obrar

El informe, que cuenta con el respaldo del Plan Nacional sobre Drogas, asegura que existe una relación directa entre el clima de comunicación familiar y el rendimiento escolar, de manera que cuanto mejor es la comunicación en el seno de la familia, mejor suele ser el rendimiento escolar de los hijos.

Un clima familiar en el que los principales conflictos de convivencia vienen provocados por cuestiones como el dinero que han de percibir los hijos, los horarios de llegada a casa, los estudios y cuestiones relativas a la colaboración en las tareas domésticas. Por contra, los hijos centran las discusiones en temas sobre el sexo, los amigos o las drogas, aunque no son cuestiones que generen importantes conflictos. Estas discusiones y diferencias de criterio provocan que uno de cada tres padres afirme sentirse, en ocasiones, desbordado y resignado, y un 8 por ciento se sienta impotente o incluso desesperado hasta reconocer que «los hijos le agobian». Por otra parte, destaca que los padres ven con un tinte más optimista la relación con los hijos que la que éstos tienen con respecto a ellos. Así, y a pesar de que para los adolescentes la unión familiar es valorada como un principio importante, en la práctica, no pasan del 39 por ciento los hijos que reconocen que les gusta pasar el tiempo con su familia.

¿Familia ideal? Cuatro situaciones

El estudio también pone de manifiesto que no existe, ni siquiera como tipo ideal «la familia española». Así, existen en nuestro país cuatro modelos familiares y es la familia «nominal» la que puede definir al 42,9 por ciento del conjunto de la población. En ella las relaciones padre-hijo pueden ser calificadas como de coexistencia pacífica más que de convivencia participativa, pues existe poca comunicación. Los padres optan por no enfrentarse a los conflictos que puedan tener con sus hijos y se muestran desimplicados con los problemas y demandas de sus hijos.

A ella le sigue la familia «endogámica», un modelo al que se adscribe el 23,7 por ciento de los españoles y que se caracteriza por un núcleo familiar muy unido donde priman las buenas relaciones. La familia «adaptativa» agrupa al 18,4 por ciento, en ella se da una buena comunicación entre padres e hijos y se muestra más abierta a las diferencias de opiniones, aunque no por ello está exenta de conflictos. Finalmente, con un 15 por ciento, en la familia «conflictiva» priman las normas fijas e inflexibles en donde los hijos se enfrentan a unos padres que no entienden y que se aferran a normas poco realistas.

Por otra parte, el reparto de roles en el seno de la familia sigue presentan